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30 August 2012 @ 12:40 am
Puñados de almendras trituradas  

cucurucho: Digimon 
jarabe de: Yamato Ishida/Mimi Tachikawa 
carta | sabor: Helados | 028. Almendras trituradas.
prueba: Como si les faltara algo y no sabían hasta que lo sentían en su lugar, lo más extraño era que ni siquiera tenían memoria de haberlo perdido... 
chispas de: Drama, Romance.
pote | cuchara: T| Ninguna.
sevilleta: ff@net . Continuación de Ni con 10 litros de cafeína.

ticket: Digimon no me pertenece, es de Akiyoshi Hongo. 


"Que haya luz en tu vida yo quiero,
que te hagan feliz, yo pretendo
sentarme y mirar desde lejos..." 
 
Desde lejos ~Santiago Cruz.   





—Póngamelo para llevar —pidió el rubio.

Repentinamente había perdido el apetito.

Matt no supo a que se debió, simplemente se enteró de que todo se volvió más oscuro, más frío. Su estómago rugía pero sabía que era como si alimentase a un muñeco de madera… simplemente no lo digeriría. Eso, eso, no podría digerir su comida... Y fue repentinamente… porque no supo ni que sucedió, porque sí tenía hambre, pero cuando se dio cuenta tenía las manos heladas y el estómago como una masa pesada; separó los labios de su vaso de whiskey. Ni siquiera eso podía tragar, estaba seguro de que le sentaría mal. Yamato nunca perdía el apetito, era hombre… ¡y músico! Podría comer platillos finos (como hacía ahora que su carrera estaba en lo más alto y que Teenage Wolf era una de las más reconocidas bandas) y hasta en esos lugares de reputación dudosa debajo de los puentes (como era su costumbre cuando 'Teenage Wolf' sólo era conocido por los padres de los integrantes y a lo más que aspiraban era a ser teloneros); pero nunca le afectaba… ni se enfermaba… ni… ni perdía el apetito.

Fulminó con la mirada al barman y mesero.

Quizá era su culpa. Quizá ese imbécil barman gay que siempre le tiraba los perros en la barra, aún cuando fuera con la castaña, quizá él tenía la culpa. Sí, tenía sentido. Él le miró y Matt había hecho lo imposible por ignorarlo, entonces habló y Matt lo ignoró de nuevo, hasta que hizo que el rubio le mirara.

Los ojos de Yamato casi se salían de sus órbitas y su quijada colgaba peligrosamente. El barman se asustó, tanto que fregó dos veces el mismo vaso con el trapo sucio.

El rubio vocalista de Teenage Wolf lo miró con odio, confusión y pánico.

Y el barman ni siquiera tuvo tiempo de hacerse el desentendido, simplemente sintió compasión por ese hombre delante suyo. Sintió mucha pena por él. Día con día iba a sentarse allí a comer, al principio ocupaba su lugar habitual pero conforme fueron pasando los días fue acortando las mesas de distancia a la barra. Hacía todas las comidas allí, algunas veces con una mueca ilegible otras con aquella de fastidio o con una tensa línea dibujada en el rostro. Pero de algún modo siempre con el semblante sombrío que se implantaba cuando miraba la mesa habitual ocupada o vacía, en todo caso no estaba bien; no sin ellos.

Matt tomó su comida empacada de mala manera y puso el dinero en la barra. Sin molestarse en mirar a nadie empezó a caminar hacia la salida decidió que comería donde Takeru.

Pido pocas cosas, pido tu memoria, que tú me recuerdes de buena manera

Al escuchar la melodía triste que sonaba en el lugar, tuvo sentido.

Apretó los puños hasta que los nudillos se le pusieron blancos. Y fue sólo una casualidad que mirara a su izquierda. Repentinamente se giró como sí alguien le hubiera gritado con toda la fuerza de su voz, aunque nadie le había hablado... fijó sus ojos en un punto del restaurante y caminó con pasos firmes hasta que su voz coreando la canción se hizo clara en sus oídos.

La reconocería en el fin del mundo a pesar de estar de espaldas a él y de esa fea peluca. Sabía que no se equivocaba; estaba seguro. Matt sentía como si se hubiera tragado un puñado de esas secas almendras trituradas. Tanto tiempo buscándola, tanto tiempo en que ella le evitaba (porque Yamato no era estúpido y sabía que si no la había encontrado antes era porque la castaña no quería ser encontrada) para encontrársela así; sin buscar. Ironías de la vida, por fin, allí estaba ella.

Sabía que no estaría contenta de verle. Mucho menos regocijada con las explicaciones que Matt le exigiría.

—Mimi —pronunció en un susurro.

.

Tarareó la parte instrumental de la canción después de cantar el coro, ya no le importaba que los de las mesas de alrededor la mirasen, no después de su aparatosa entrada y su desastroso aspecto. Reprimió un suspiro mientras pensaba en la cabellera rubia que había vislumbrado en la barra; casi quiso levantarse varias veces e ir hasta él, abrazarle hasta que la arrastrara a su departamento y le hiciera confesar todo... pero no, decidió quedarse sentada sabiendo que Matt ignoraría los cuchicheos de la 'mujer extraña', que ni siquiera los escucharía y nunca sabría que habían estado bajo la misma piedra.

La castaña se golpeó la frente completamente frustrada.

Mimi.

Creyó haber oído… le pareció haber escuchado…

Se volvió lentamente con la boca abierta de impresión.

Yamato Ishida la miraba. Yamato la miraba. Yamato, Matt. A ella. Matt. La. Miraba.

Tenía una ceja levantada y una sonrisilla prepotente, el rostro tan pálido y los ojos azules tan oscuros que no pudo reprimir un escalofrío. Yamato estaba allí, realmente estaba frente a ella y no sentado en la barra. Instintivamente se llevó la mano al brazo para pellizcarse pero sus movimientos se congelaron cuando él frunció el ceño con enojo, de la misma manera que antaño, ella sabiendo que estaba considerando sumamente estúpido y totalmente infantil que Mimi creyese que soñaba...

Y ese gesto tan familiar hizo que a la castaña le escurrieran las lágrimas por las mejillas.

¡Demonios!

Ni había notado cuando se le aguaron los ojos, pero ahí estaba otra vez armando el espectáculo de su vida: La estrella de Rock de pie frente a su mesa mirándola fijamente mientras ella lloraba como una magdalena y el aura de tensión demasiado palpable entre ellos.

—Y-Yo…

Matt simplemente hizo un gesto con la cabeza señalando la salida cuando el flash los cegó. Mimi asintió y sólo miró a la persona que le había sacado la foto cuando el rubio cruzó la puerta. Una adolescente la miraba un poco confundida, con algo de enfado alegando con sus padres que la miraban en parte sorprendidos y en parte furiosos por su falta de cortesía. Ella siguió refunfuñándole a su madre con los ojos fijos en la mujer demacrada de cabello oscuro y a los oídos de la castaña llegó a sus oídos un vestigio de la conversación que la hizo boquear sorprendida y reír entre dientes inmediatamente después.

'Es mi ídolo favorito mamá…'

Se limpió las lágrimas sin importarle ser discreta, a esas alturas no serviría de nada.

'Por mucho que me quejé de que así sea, él es de Mimi Tachikawa, la modelo'.

Maldijo su llanto fácil una vez más.

Mimi no alcanzó a escuchar la respuesta molesta del padre, o los reclamos de la madre sino que simplemente se dedicó a llamar al mesero, su orden aún no llegaba y tendría que cancelarlo. Miró a la entrada. Podía ver a Matt recargado contra el marco de la puerta y una fina lluvia cayendo por delante de él, con las manos en los bolsillos y el asa de plástico en su muñeca tamborileando impacientemente con su pie derecho mientras miraba con el ceño fruncido a las gotas que caían a sus pies.

Se disculpó con el mesero y le dejó una generosa propina, él sólo se encogió de hombros. La realidad se le hacía familiar la muchacha de gafas oscuras pero no podría decir con seguridad porqué. Se preguntó la razón por la cual alguien usaría lentes oscuros con la lluvia y resolvió que debía estar enferma se veía muy pálida.

Mimi suspiró temiendo lo que le esperaba, pero era lo suficientemente madura como para intentar no huir ahora que se había encontrado cara a cara con Matt. Caminó lentamente a la salida.

Matt miró a la castaña cuando esta llegó a su lado, ambos se dirigieron en silencio hasta el departamento después de intercambiar miradas tensas. Iban mojándose pero ninguno de los dos parecía interesado, simplemente ella muerta de la preocupación y él demasiado estresado para notar que hasta su comida se mojaba. Cada uno perdido en sus pensamientos, cada cual pensando a su vez en el otro, los sentimientos inundando los pensamientos con un poco de todo. Alivio, furia, desconfianza, miedo, soledad, tristeza, felicidad; lo único certero era que el aire fluía libremente por sus pulmones dejando una sensación de extrañeza, respiraciones lentas y profundas como si probaran sus pulmones con cada molécula de aire. La perplejidad creciendo con cada espiración, sin conseguir entender como es que respiraban tan bien así; y también sin conseguir recordar cómo no sabían antes que no podían inhalar tan profundamente.

Como si les faltara algo y no sabían hasta que lo sentían en su lugar, lo más extraño era que ni siquiera tenían memoria de haberlo perdido y ahora el vacío estaba lleno.


 
 
 
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